El Perro
--de Giles Davis © 2007


Tengo un amigo que un verano trabajó como vendedor de enciclopedias. Tenía que andar todos los días por un barrio con todos los libros en una mochila. Me dijo que la mochila pesaba alrededor de veinte kilos--¡un montón!. Este amigo me contó de un compañero suyo que hacía lo mismo en un barrio donde había un perro que ladraba todos los días sin parar, atado en un jardín; y cada vez que este chico pasaba por el jardín, el perro ladraba como loco. Estaba como una cabra. Se encontraba atado con una cadena en el cuello, ya que la valla alrededor del jardín no era más que de un metro de altura.

Una y otra vez el perro le ladraba y embestía hasta que llegaba al límite de la cadena, y la cadena le daba al perro un tirón. El perro lo hacía una y otra vez. Después de más de una semana así, por fin el chico no pudo aguantar más al perro. Entró en el jardín, se plantó justo fuera del límite de la cadena, y se puso:
"¡Na, na, na, na, na, na!". El perro se volvió loco y se lanzó una y otra vez contra el chico ladrando como una fiera; cuando, de repente, "¡CRAC!" - se le rompió la cadena.... ¡Oh, oh! El chico se puso a correr lo más rápido posible, pero estaba claro que no podía ganar al perro con una mochila llena de enciclopedias sobre la espalda. Podía oír al perro justo detrás de él y hasta oler su aliento. Sabía que tenía que hacer algo, y en el último minuto dio la vuelta con la mochila de veinte kilos en las manos, y ...¡Pum!, le golpeó al perro en la cabeza. El perro voló por el aire y aterrizó en la tierra ... muerto. Sí, mató al perro.

Inmediatamente, los dueños del perro corrieron afuera gritando, "¡Hemos visto lo que acabas de hacer! ¡Te burlabas de nuestro perro y le has golpeado con la mochila! ¡Has matado a nuestro perro! ¡Te vamos a denunciar! ¡Vamos a llamar a la policía!" El tío no tenía nada que decir. Se quedó allí, decepcionado y mirando al suelo diciendo, "Sí, es verdad. He sido yo. Lo siento. No puedo decir nada en mi defensa." Vino la policía, le pusieron en el coche y condujeron hasta doblar la esquina, cuando de repente...pararon. El chico pensó, "¿Pero, qué pasa, y ahora qué?" El agente de policía se bajó del coche y abrió la puerta de atrás. Miró al chico en la cara y dijo claramente, "Odiábamos a ese perro. Puedes irte." La historia es verídica.

Lo mismo pasa con Dios y nosotros si somos cristianos e hijos de Dios. Somos como el chico. Todos nosotros hemos pecado un montón, y Satanás lo sabe perfectamente. Él está allí, ante el Señor, acusándonos diciendo, "Hizo esto, esto, esto, y esto." Cuando vayamos al cielo y nos pongamos de pie ante el Señor, no podremos defendernos. No habrá nada que podamos decir para justificar lo que hemos hecho. Tendremos que decir, "Sí, lo hice. Fui yo." Pero Dios, pensando en la sangre de Cristo derramada por nosotros y en lo terrenal que hemos hecho morir en nosotros (Colosenses 3), nos dirá: "Odiaba ese pecado. Puedes irte."

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Updated May 17, 2007